El presidente de EE. UU. anuncia nuevas medidas arancelarias y de control tecnológico contra China, elevando la tensión geopolítica y comercial entre ambas potencias.
Washington, 11 de octubre de 2025
En un giro drástico de su estrategia económica exterior, el presidente Donald Trump ha revelado este sábado que impondrá un arancel adicional del 100 % sobre productos chinos, junto con estrictos controles en la exportación de software desde China hacia Estados Unidos.
La medida entrará en vigor el 1 de noviembre, y representa un escalamiento directo en la confrontación comercial entre ambos países.
Según declaraciones divulgadas por su equipo, Trump justifica la decisión como respuesta a las políticas “extremadamente agresivas” adoptadas por Pekín, que, en su opinión, amenazan la estabilidad de los mercados globales y favorecen el proteccionismo tecnológico.
En esa línea, ha dicho que la estrategia asiática contempla restricciones generalizadas que comprometen no solo productos físicos, sino también bienes digitales, lo que en su visión obliga una reacción contundente por parte de Washington.
Estas decisiones no solo cierran las puertas a negociaciones a corto plazo, sino que Trump ha insinuado que podría incluso suspender una reunión prevista con el presidente Xi Jinping durante la cumbre de la APEC, prevista del 31 de octubre al 1 de noviembre.
En su mensaje señala que “no parece haber motivo para seguir adelante” con el encuentro si no cesan las acciones que considera agresivas.
La escalada llega poco después de que Trump impusiera ya un gravamen del 100 % a ciertos productos farmacéuticos de origen chino, como parte de su agenda comercial más amplia.
Con la adición de las restricciones al software, el alcance de su plan se extiende a sectores de alta tecnología, lo que no solo podría afectar la relación bilateral, sino también las cadenas de suministro globales y el acceso a productos digitales.
Expertos advierten que esta movida podría provocar represalias por parte de China, ampliar la fragmentación tecnológica entre bloques internacionales y encender nuevas disputas comerciales con efectos colaterales en terceros países.
Mientras tanto, empresas estadounidenses dependientes del mercado chino o de insumos provenientes de allí podrían verse atrapadas en medio del fuego cruzado.
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