En un giro sorprendente del debate sobre la protección de los menores en la era digital, psicólogos y académicos proponen eliminar el uso generalizado de móviles entre niños y adolescentes, apostando por la instalación de teléfonos fijos en los hogares y centros educativos para reducir los casos de acoso en redes y entornos online.
Madrid – El uso del teléfono móvil por niños y adolescentes ha sido señalado como un factor clave en el aumento de los casos de acoso digital (“ciberbullying”) en España. Según datos recientes, alrededor del 12 % de los estudiantes ha sufrido acoso escolar en su versión digital, con el dispositivo móvil funcionando como medio principal de hostigamiento.
Ante este panorama, un grupo de expertos en psicología infantil y educación propone una medida radical: sustituir o limitar el uso de móviles en entornos de menores e instalar o recuperar el uso de teléfonos fijos tradicionales en hogares y centros escolares, como mecanismo para restringir la exposición a pantallas, redes sociales y conversaciones anónimas que favorecen el acoso.
Según explica Ignacio Morón, decano de la Facultad de Psicología de Granada, “eran un sitio de paso común, por tanto, lo que se hablaba estaba de cierta forma limitado y cuartado. Incluso, si tenías una reacción emocional te iba a ver y acompañar toda la familia”.
Este planteamiento se enmarca dentro del creciente interés por dotar a los docentes de herramientas políticas, legales y tecnológicas que respondan a la complejidad del acoso digital, un fenómeno que no se contiene únicamente con educación supervisada o filtros de contenido. En este sentido, la propuesta sugiere que las compañías de telecomunicaciones y los centros educativos colaboren para cancelar las cuentas de redes sociales de menores que cometen acoso, reforzando el entorno físico y menos anónimo como alternativa a la comunicación móvil.
No obstante, los propios especialistas advierten de que esta medida por sí sola no sería suficiente: “Creo que hay que hacer una actuación superior, política y legislativa para que tengamos herramientas los docentes”.
La medida levantaría sin duda un debate importante sobre la viabilidad técnica, social y educativa de regresar a tecnologías más “visibles” y menos anónimas en el entorno de los menores, en una sociedad profundamente digitalizada. Pero lo que queda claro es que el escenario demanda respuestas que trasciendan el simple control de pantalla y aborden el contexto emocional, familiar y escolar del acoso digital.
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