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La exgimnasta olímpica ha denunciado en 'Salvados' las consecuencias físicas, económicas y laborales que afrontan muchos deportistas cuando abandonan la competición.
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Junto a Fernando Romay y Lola Fernández Ochoa, reclama que los años dedicados al deporte de élite se reconozcan en la vida laboral y permitan acceder a una jubilación justa.
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Cid también ha relatado las secuelas que le llevaron a necesitar una prótesis de cadera con solo 43 años.
La carrera de un deportista de élite puede estar marcada por años de sacrificios, entrenamientos interminables y renuncias personales. Sin embargo, cuando llega la retirada, muchos descubren que todo ese esfuerzo no se traduce necesariamente en derechos laborales ni en una pensión que les permita afrontar el futuro con tranquilidad.
Esa es una de las realidades que ha abordado Almudena Cid en el programa 'Salvados', de laSexta, donde ha compartido su experiencia junto al exbaloncestista Fernando Romay y la exesquiadora Lola Fernández Ochoa. Los tres han puesto sobre la mesa una reivindicación que afecta a generaciones de deportistas españoles: que los años dedicados a representar al país y competir al máximo nivel tengan un reconocimiento efectivo en sus historiales de cotización.
«Que tu historial de vida y ese esfuerzo aparezca reflejado de alguna forma en tu vida laboral y que no te lo recuerden solo las lesiones», ha reclamado la exgimnasta.
Una prótesis de cadera con 43 años por una lesión de su etapa deportiva
Uno de los momentos más personales del programa llegó cuando Cid explicó las consecuencias físicas que ha arrastrado después de su trayectoria en la gimnasia rítmica. La exdeportista tuvo que someterse a una operación para recibir una prótesis de cadera a los 43 años, como consecuencia de una lesión que llevaba aproximadamente dos décadas sin detectar.
Según relató, tenía el labrum de la cadera roto desde hacía años. El problema terminó manifestándose de forma especialmente dolorosa durante una función teatral, cuando tuvo que sujetar a una compañera que se echaba hacia atrás. Al terminar, comenzó a sentir un dolor muy intenso y dificultades para caminar.
La lesión acabó obligándola a pasar por quirófano. Cid recordó que inicialmente le costaba aceptar que necesitara una prótesis a una edad tan temprana. La intervención supuso también un impacto emocional: llegó a pensar que algunas actividades que formaban parte de su vida ya no volvería a realizarlas.
Durante la entrevista reconoció que el deporte de alto rendimiento deja consecuencias que pueden acompañar a los atletas mucho después de abandonar la competición. «El deporte de élite te deja secuelas y patologías de por vida», afirmó.
La exgimnasta también denunció la falta de seguimiento médico que, según su experiencia, sufren algunos deportistas cuando se retiran. Explicó que su historial médico permanecía en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat y no estaba integrado con la información de la Seguridad Social, lo que dificultaba que existiera una continuidad en la atención de sus problemas físicos.
Además, aseguró que la Federación de Gimnasia no se había puesto en contacto con ella después de la operación para interesarse por su situación.
Deportistas que llegan a la jubilación sin cotizaciones suficientes
El debate no se limita a las lesiones. Cid, Romay y Fernández Ochoa han explicado que muchos deportistas dedicaron buena parte de su juventud a entrenar y competir sin disponer de contratos laborales que generasen derechos suficientes para su jubilación.
Durante años, numerosos atletas fueron considerados amateurs, recibieron becas o ayudas deportivas y no cotizaron por todo el tiempo que dedicaron a su actividad. Cuando abandonan la competición, se encuentran con carreras laborales incompletas y dificultades para acceder a una pensión digna.
Fernando Romay explicó que, pese a encontrarse en condiciones de jubilarse, no tendría derecho al cien por cien de la pensión que le correspondería si se reconocieran todos los años de su trayectoria deportiva. El programa también recordó el caso de antiguos deportistas que se ven obligados a prolongar su vida laboral para completar los periodos de cotización exigidos.
Lola Fernández Ochoa, por su parte, advirtió de las dificultades que atraviesan muchos atletas cuando terminan sus carreras. Según explicó, algunos se retiran alrededor de los 37 años, después de dedicar décadas al deporte, y se encuentran con enormes obstáculos para incorporarse al mercado laboral.
La transición puede resultar especialmente complicada porque, mientras otras personas de su generación acumulan años de experiencia profesional, ellos han dedicado ese tiempo a una actividad que no siempre ha quedado reconocida en el sistema laboral.
La lucha por reconocer los años dedicados al deporte
La reivindicación de los deportistas no es nueva. En octubre de 2024, varios medallistas y antiguos olímpicos ya expusieron en el Congreso de los Diputados las dificultades que afrontaban para conseguir una jubilación adecuada después de haber representado a España durante años.
Desde entonces se han producido avances normativos, aunque los afectados consideran que todavía queda mucho por hacer. Cid explicó que el movimiento trabaja en distintas fases para ampliar el reconocimiento de los periodos deportivos y dar cobertura a quienes quedaron fuera de las medidas anteriores.
La exgimnasta puso especial atención en una segunda fase, dirigida a deportistas de alto nivel que recibieron becas de cuantías reducidas y que, en muchos casos, apenas pudieron generar cotizaciones durante su etapa competitiva.
La reclamación pretende que el tiempo dedicado al deporte pueda reconocerse de alguna manera a efectos de completar la vida laboral y acceder a una jubilación justa. No se trata únicamente de valorar las medallas o los resultados, sino de reconocer el trabajo y los años de dedicación que hay detrás de cada carrera deportiva.
Una retirada que también necesita protección psicológica y social
Los participantes en 'Salvados' han advertido de que el abandono institucional no afecta exclusivamente a la economía o a la salud física. La retirada supone también un cambio personal y emocional para quienes han construido su identidad alrededor de la competición desde edades muy tempranas.
Cid recordó que algunas gimnastas se alejan de sus familias durante la adolescencia y pasan a vivir bajo horarios estrictos, entrenamientos exigentes y numerosas obligaciones. Una etapa de su vida que, a su juicio, debería tener un reconocimiento cuando llega el momento de abandonar el deporte.
La exolímpica considera que los deportistas necesitan protección durante su carrera y también después de retirarse: atención médica para las lesiones, acompañamiento en la transición profesional y garantías sociales para no quedar desamparados.
Su mensaje resume una reivindicación que va más allá de su propia experiencia: que los años dedicados a competir por España no queden reflejados únicamente en las medallas y en las secuelas físicas, sino también en los derechos laborales de quienes hicieron del deporte su vida.