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Una campaña sanitaria impulsada por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona ha permitido identificar a cerca de 70 personas con factores de riesgo vascular que podrían favorecer la aparición de un ictus.
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La iniciativa, desarrollada mediante una unidad móvil que ha recorrido distintos municipios de la provincia de Barcelona, ha atendido a cerca de 700 ciudadanos y ha realizado más de 2.700 pruebas de salud.
El proyecto, denominado «Mi farmacia, mi salud. Todos contra el ictus», ha sido promovido por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (COFB), la farmacéutica Sandoz y la Fundación Ictus, con la colaboración de OMRON. Su objetivo es acercar la prevención a la población y facilitar la detección de problemas de salud que, en muchas ocasiones, pueden pasar inadvertidos durante años.
Los resultados se han dado a conocer coincidiendo con el cierre del recorrido de la unidad móvil y el Día Mundial del Ictus. Durante la campaña, las personas que se acercaron al vehículo sanitario pudieron someterse a diferentes controles para evaluar su estado de salud y calcular su riesgo vascular.
Las cerca de 70 personas en las que se detectaron parámetros alterados fueron derivadas de forma urgente o preferente a sus centros de atención primaria u hospitales de referencia, con el objetivo de que recibieran una valoración y un seguimiento adecuados.
Un consultorio móvil con cinco estaciones de salud
Uno de los elementos más llamativos de la campaña ha sido el vehículo sanitario utilizado para realizar las pruebas. Se trata de un tráiler acondicionado como una unidad médica itinerante, en cuyo interior se instaló un circuito de cinco estaciones para evaluar distintos indicadores relacionados con la salud cardiovascular.
La primera fase consistía en medir la presión arterial y el pulso, además de comprobar si existían indicios de fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede aumentar el riesgo de sufrir un ictus.
A continuación, los participantes pasaban por una evaluación antropométrica en la que se registraban el peso, la talla y el perímetro abdominal. Estos datos permiten obtener información sobre la composición corporal y algunos factores asociados al riesgo cardiovascular.
La tercera estación estaba destinada a realizar una analítica básica para determinar el perfil lipídico y los niveles de glucosa o hemoglobina glicosilada. Estas pruebas ayudan a detectar alteraciones relacionadas con el colesterol y la diabetes, dos factores que pueden incrementar el riesgo de sufrir problemas vasculares.
Con toda esta información, los profesionales sanitarios calculaban el riesgo vascular individual mediante el índice SCORE2, una herramienta que permite estimar la probabilidad de sufrir determinados episodios cardiovasculares a partir de diferentes variables.
Por último, cada participante recibía asesoramiento personalizado por parte de los profesionales sanitarios. Cuando se detectaban valores que requerían una atención adicional, se activaba la derivación al centro sanitario correspondiente.
Farmacéuticos, médicos y neurólogos trabajan conjuntamente
La campaña ha contado con la participación de farmacéuticos comunitarios, médicos de atención primaria y neurólogos de distintos centros hospitalarios. La coordinación entre estos profesionales ha sido una de las claves del proyecto, ya que ha permitido conectar las pruebas realizadas en la unidad móvil con los recursos asistenciales de cada localidad.
En el recorrido han participado hospitales y centros sanitarios de referencia como el Consorci Sanitari de Terrassa, el Hospital Universitari de Bellvitge, el Hospital Germans Trias i Pujol, el Parc Taulí, el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y el Hospital del Mar.
Más de 60 farmacéuticos voluntarios han colaborado en la iniciativa, que pretende demostrar que las farmacias pueden desempeñar un papel importante más allá de la dispensación de medicamentos.
Su proximidad a los ciudadanos y el contacto habitual con los pacientes permiten que estos establecimientos sean espacios adecuados para divulgar hábitos saludables, identificar posibles señales de alerta y orientar a las personas hacia los servicios médicos cuando sea necesario.
La campaña también ha puesto de manifiesto la importancia de que los distintos niveles asistenciales trabajen de forma coordinada para detectar problemas de salud antes de que se conviertan en situaciones graves.
El ictus puede prevenirse actuando sobre los factores de riesgo
El ictus es una de las principales causas de muerte y discapacidad en España. Se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo que llega a una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo cerebral, provocando daños en el tejido afectado.
Su aparición puede tener consecuencias muy diferentes dependiendo de la zona del cerebro afectada, la gravedad del episodio y el tiempo que se tarde en recibir asistencia médica.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo. También influyen determinados problemas cardíacos, como la fibrilación auricular.
Una parte importante de estos factores puede prevenirse o mantenerse bajo control mediante revisiones médicas, tratamiento cuando sea necesario y cambios en los hábitos de vida.
La Fundación Ictus recuerda que aproximadamente una de cada cuatro personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida. También destaca que alrededor del 90% de los casos podrían prevenirse actuando sobre los factores de riesgo modificables.
Por eso, los especialistas insisten en la importancia de controlar periódicamente la tensión arterial, los niveles de colesterol y glucosa, mantener una actividad física regular y evitar el consumo de tabaco.
La detección de alteraciones antes de que aparezcan los primeros síntomas puede facilitar que las personas reciban atención y adopten medidas para reducir sus probabilidades de sufrir un episodio vascular.
Cinco municipios recorridos por la unidad móvil
La unidad sanitaria ha visitado cinco municipios de la provincia de Barcelona, con un total de seis paradas. El recorrido comenzó el 22 de septiembre en Rubí y continuó por Cerdanyola del Vallès, El Prat de Llobregat y Sant Adrià de Besòs, antes de finalizar en Barcelona.
La última parte de la campaña coincidió con la celebración del Día Mundial del Ictus, el 29 de octubre, una fecha destinada a concienciar sobre la importancia de prevenir esta enfermedad y reconocer sus síntomas.
Durante las distintas jornadas, los ciudadanos pudieron acceder gratuitamente a las pruebas y recibir un informe individual con los resultados de sus controles, además de recomendaciones adaptadas a sus necesidades.
El balance final, con cerca de 700 personas atendidas, más de 2.700 pruebas realizadas y alrededor de 70 derivaciones sanitarias, ha servido para poner de relieve la utilidad de acercar los controles preventivos a espacios cotidianos.
Los impulsores de la iniciativa consideran que este tipo de actuaciones pueden contribuir a detectar problemas que, de otra manera, quizá no llegarían a los servicios sanitarios hasta que aparecieran complicaciones.
Reconocer los síntomas también puede salvar vidas
Además de controlar los factores de riesgo, los profesionales sanitarios recuerdan que es fundamental saber reconocer los síntomas de un ictus y actuar con rapidez.
Entre las señales de alerta más habituales se encuentran la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, especialmente si afecta a un solo lado del cuerpo; las dificultades repentinas para hablar o comprender; la pérdida brusca de visión y los problemas de equilibrio o coordinación.
Ante cualquiera de estos síntomas, aunque desaparezcan al cabo de unos minutos, es imprescindible llamar inmediatamente al 112. No se debe esperar a que la persona mejore ni trasladarla por medios propios si puede solicitarse asistencia urgente.
El tiempo es determinante para reducir las posibles secuelas, ya que algunos tratamientos solo pueden administrarse dentro de determinadas ventanas temporales.
La campaña desarrollada en Barcelona pretende precisamente reforzar esa cultura de prevención: controlar los factores de riesgo, realizar revisiones y conocer las señales de alarma. Sus resultados muestran cómo la colaboración entre farmacias, centros de salud y hospitales puede ayudar a identificar a personas que necesitan atención antes de que sufran un episodio de consecuencias potencialmente graves.