- José Luis Moris viajaba en el tren Iryo que sufrió el impacto del AVE en Urda cuando decidió dejar a un lado su propia seguridad para ayudar a los demás pasajeros.
- Con un botiquín de primeros auxilios, varios torniquetes y dos extintores, colaboró en la evacuación de heridos, combatió un incendio y atendió a personas atrapadas.
- Después, junto a otras dos compañeras policías, permaneció al lado de las víctimas, incluso de quienes estaban a punto de morir. «No hay cuerpo que esté preparado para esto», recuerda.
La tragedia ferroviaria de Urda dejó imágenes de destrucción, desesperación y dolor que difícilmente podrán olvidar quienes estuvieron allí. Pero entre las historias de aquella mañana también hay testimonios de solidaridad y ayuda que resultaron fundamentales durante los primeros momentos de la emergencia. Uno de ellos es el de José Luis Moris, agente de la Policía Nacional que viajaba en uno de los trenes accidentados y que, pese a haber sobrevivido al impacto, se dedicó inmediatamente a auxiliar a los demás pasajeros.
El policía regresaba a Sevilla después de terminar su jornada laboral en Madrid. En la capital le esperaban su mujer y su hija recién nacida. Había subido al tren Iryo a primera hora de la mañana del miércoles, como hacía habitualmente, con la intención de descansar durante el trayecto.
Viajaba en el vagón número 8. Poco después de las ocho y media, el tren se detuvo por una incidencia relacionada con el sistema de señalización y seguridad LZB. José Luis pensó inicialmente que se trataría de una parada breve. Sin embargo, unos minutos después escuchó un ruido muy fuerte y sintió el impacto.
«Pensé que sería cuestión de minutos. Y a los cinco o diez minutos se escuchó un sonido muy, muy fuerte, como de una radial cortando algo, y ya se notó el impacto», relata en su testimonio a RTVE.
Salió del tren y se encontró con una escena devastadora
Al principio, los pasajeros no eran plenamente conscientes de la magnitud de lo ocurrido. Se escuchaban gritos, caían maletas y el desconcierto se apoderaba del interior del convoy.
Lo primero que hizo José Luis fue enviar un mensaje a su mujer para comunicarle que estaba vivo y que se encontraba bien. Después miró por la ventana y vio humo y fuego. Pensó que podía haber un incendio y decidió abrir la puerta de emergencia para facilitar la evacuación.
Pero al salir descubrió la verdadera dimensión del accidente.
A un lado vio uno de los trenes completamente volcado. Al otro, otro convoy cuya presencia inicialmente le hizo pensar que podía producirse un nuevo impacto. Ante esa posibilidad, comenzó a animar a los pasajeros a abandonar el tren.
Tras identificarse como policía ante la interventora, se dirigió hacia los vagones afectados para ayudar a quienes estaban atrapados o necesitaban asistencia.
Utilizó su botiquín y dos extintores para auxiliar a los heridos
José Luis llevaba habitualmente material de primeros auxilios por su trabajo. En su mochila tenía un pequeño botiquín con torniquetes, un recurso que resultó especialmente importante durante los primeros minutos de la emergencia.
Al llegar a uno de los vagones, comprobó que había comenzado un incendio. Fue entonces cuando cogió dos extintores y, con la ayuda de otro pasajero, intentó apagar las llamas y facilitar la salida de las personas que permanecían dentro.
La escena era estremecedora. Había pasajeros fallecidos, personas con heridas graves y restos del impacto repartidos por el interior de los vagones.
Entre los afectados encontraron a un joven que necesitaba ayuda para salir. Mientras intentaban sacarlo, escucharon los gritos de otra persona que se encontraba debajo de un sillón. Tenía una pierna gravemente seccionada y estaba atrapada entre los elementos del tren.
José Luis y los demás pasajeros que colaboraban comenzaron a retirar los asientos como pudieron para llegar hasta él. La operación se complicaba por los obstáculos que había alrededor, incluida una alambrada que dificultaba los movimientos.
El policía realizó torniquetes y atendió a varios heridos mientras continuaba la evacuación. Antes de que los servicios de emergencia estuvieran plenamente desplegados, un pequeño grupo de entre 15 y 20 viajeros ya estaba ayudando a sacar personas de los trenes. Entre ellos había otros policías y una técnica de emergencias.
Carmela y Noelia, las dos policías que se unieron al rescate
Durante las labores de auxilio, José Luis coincidió con otras dos agentes de la Policía Nacional, Carmela y Noelia. Ninguno de los tres había viajado allí con la intención de intervenir en una emergencia, pero terminaron colaborando en las tareas de rescate.
Las dos mujeres pertenecían a la Unidad de Atención a la Familia y a la Mujer (UFAM) y se encontraban en el tren porque se dirigían a un congreso.
El encuentro se produjo cuando José Luis se identificó como policía. Las dos agentes respondieron que también pertenecían al cuerpo y, a partir de ese momento, comenzaron a trabajar juntos para atender a los afectados.
Los tres colaboraron en la asistencia a los heridos y en las primeras tareas de clasificación según la gravedad de las lesiones, conocidas como triaje. Su intervención permitió prestar ayuda mientras llegaban y se organizaban los equipos profesionales de emergencia.
La Policía Nacional también destacó posteriormente la actuación de los tres agentes y el papel que desempeñaron durante las primeras horas del accidente.
Permanecieron junto a las víctimas hasta su traslado
Cuando los servicios de emergencia comenzaron a trabajar con todos sus medios, José Luis consideró que seguir interviniendo directamente en las tareas de rescate podía dificultar la labor de los profesionales. Había hierros, clavos y otros elementos peligrosos, y los agentes no disponían de todo el material de protección necesario.
Por eso decidió cambiar su forma de ayudar. Junto a Carmela y Noelia, se centró en acompañar a los heridos y permanecer a su lado hasta que pudieran ser trasladados.
Cada uno atendió a una persona distinta. Había afectados con lesiones de diferente gravedad y también pasajeros que estaban a punto de fallecer.
«Los tuvimos de la mano hasta que les fueron filtrando por la gravedad», explica José Luis. Los equipos utilizaban pegatinas de distintos colores para clasificar a los afectados: verde para los casos más leves, amarillo y rojo para los más graves y negro para las personas que habían fallecido.
Los tres policías permanecieron con las víctimas durante horas, hasta que se organizó el hospital de campaña y comenzó el traslado de los heridos a los centros sanitarios.
El impacto emocional: «No hay cuerpo que esté preparado para esto»
Aunque José Luis solo sufrió algunos rasguños y arañazos, reconoce que las consecuencias emocionales de lo vivido han sido muy difíciles de afrontar.
Durante la emergencia, explica, actuó de manera automática. Su formación y su condición de policía le llevaron a centrarse en lo que podía hacer en cada momento: evacuar pasajeros, atender heridas, utilizar los extintores y acompañar a quienes necesitaban ayuda.
Pero cuando recuerda lo ocurrido, la emoción le supera.
«Puedes ver imágenes en redes sociales, puedes ver mil cosas, pero llegar allí y ver eso… No hay cuerpo que esté preparado para eso», relata entre lágrimas.
También recuerda los gritos de las personas que pedían auxilio y la angustia de quienes no podían ser alcanzados. Una de las imágenes que más le impactó fue la de una mujer que reclamaba ayuda desde el interior de uno de los vagones y a la que no conseguían llegar.
El agente reconoce que se encuentra anímicamente muy afectado y que lo sucedido ha dejado una huella difícil de borrar.
Su familia pasó horas sin saber si seguía con vida
La otra cara de aquella mañana fue la angustia de su familia. Después del primer mensaje enviado a su mujer, José Luis no pudo volver a comunicarse con ella hasta aproximadamente las tres de la tarde.
Durante esas horas, su esposa, sus padres y sus seres queridos no tenían información suficiente para saber qué había ocurrido con él.
El propio policía explica que, al estar ocupado ayudando a otros pasajeros, nadie había registrado inicialmente que se encontraba con vida. De hecho, recibió una llamada de la Guardia Civil preguntando por su situación porque no constaba que hubiera sobrevivido.
La incertidumbre fue especialmente dura para su familia, que sabía que viajaba en uno de los trenes accidentados y no podía contactar con él.
Después del accidente, José Luis ha mantenido el contacto con algunas de las personas a las que ayudó. Entre ellas se encuentra el joven estadounidense que tenía una grave lesión en una pierna y al que asistió durante el rescate. El agente llegó a comunicarse con su familia para informarles de que estaba vivo. Según explicó, el joven seguía ingresado en estado grave.
También continúa en contacto con Carmela y Noelia, las dos compañeras con las que compartió aquellas horas de auxilio. Para él, saber que no estuvo solo durante aquella experiencia ha supuesto un consuelo.
Su historia refleja la intervención de personas que, en medio de una catástrofe, decidieron ayudar a quienes tenían alrededor incluso cuando ellas mismas acababan de vivir una situación traumática. José Luis sobrevivió al accidente de Urda, pero pasó las horas siguientes intentando que otros también tuvieran una oportunidad.