domingo, 1 de noviembre de 2026
Cargando...
Cargando...
Cargando...
Cargando...
Cargando...
Cargando...
Cargando...

Trump redibuja los distritos electorales para salvar su mayoría en el Congreso, pero la maniobra puede volverse en su contra

Trump redibuja los distritos electorales para salvar su mayoría en el Congreso, pero la maniobra puede volverse en su contra
Trump rediseña los distritos electorales para ganar las midterms
Tiempo de lectura: 9 min
Suscríbete a EdirectoTv para escuchar este artículo. ¡Es gratis!
  • Nueve estados de Estados Unidos han modificado sus mapas electorales antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, sin esperar al próximo censo de 2030.

  • La estrategia busca favorecer a los republicanos y arrebatar escaños a los demócratas, aunque los cambios también pueden generar resultados inesperados.

Donald Trump se juega buena parte de su capacidad para gobernar en las elecciones legislativas de medio mandato que Estados Unidos celebra este martes, 3 de noviembre. Con los sondeos apuntando a un avance demócrata y unas mayorías republicanas muy ajustadas en el Congreso, el presidente ha impulsado una estrategia poco habitual: modificar los límites de los distritos electorales para aumentar las posibilidades de su partido de conservar el control de la Cámara de Representantes.

La operación se conoce como gerrymandering, una práctica que consiste en redibujar las circunscripciones electorales para favorecer los intereses de una formación política. Aunque no es nueva en Estados Unidos, en este ciclo electoral ha adquirido una dimensión extraordinaria porque varios estados han cambiado sus mapas sin esperar a la revisión habitual posterior al censo nacional.

Nueve estados presentan distritos modificados con objetivos partidistas. En la mayoría de ellos, los cambios han sido promovidos por los republicanos, mientras que California y Utah han impulsado modificaciones favorables a los demócratas.

La iniciativa comenzó en Texas, donde Trump trasladó a los representantes republicanos la necesidad de rediseñar las circunscripciones para conseguir más escaños. El objetivo inicial era obtener cinco puestos adicionales en la Cámara de Representantes, una ventaja que podría resultar decisiva en una legislatura en la que los republicanos parten de una mayoría muy estrecha.

Sin embargo, el resultado de esta operación está lejos de estar garantizado. Los cambios pueden favorecer a un partido sobre el papel, pero las preferencias de los votantes, la participación electoral y la evolución política del país pueden alterar los cálculos. Incluso existe un término para describir el efecto contrario al buscado: dummymander, cuando el rediseño termina perjudicando al partido que lo ha promovido.

Qué es el gerrymandering y cómo puede cambiar el resultado electoral

En Estados Unidos, los ciudadanos eligen a los miembros de la Cámara de Representantes en distritos electorales. Cada circunscripción escoge a un congresista y, por tanto, la delimitación geográfica de esos distritos puede influir directamente en el reparto de escaños.

La Constitución estadounidense establece que los estados tienen competencias para organizar sus circunscripciones, siempre respetando determinados criterios, entre ellos que los distritos tengan una población aproximadamente equivalente.

El problema aparece cuando los partidos que controlan los gobiernos o los parlamentos estatales utilizan esa capacidad para diseñar mapas que les proporcionen una ventaja electoral.

Existen dos técnicas habituales. Una consiste en concentrar a los votantes del partido rival en un número reducido de distritos, donde ganarán con mayorías muy amplias, pero perderán influencia en el resto. La otra consiste en dividir las zonas donde ese partido tiene una presencia importante y repartir a sus electores entre varias circunscripciones, diluyendo así su capacidad para conseguir representantes.

El resultado puede ser que una formación obtenga más escaños sin necesidad de aumentar su porcentaje de votos en el conjunto del estado.

Tradicionalmente, los mapas electorales se revisan después del censo nacional, que se realiza cada diez años. El último tuvo lugar en 2020 y, por tanto, la siguiente revisión ordinaria correspondería a 2030. La modificación anticipada de los distritos en 2025 rompió ese calendario y abrió una batalla política y judicial entre republicanos y demócratas.

Texas, el punto de partida de la estrategia de Trump

Texas se convirtió en el principal escenario de esta operación. En julio de 2025, Trump pidió a los representantes republicanos del estado que modificaran los distritos para aumentar las posibilidades conservadoras de conseguir escaños en las elecciones de medio mandato.

El estado cuenta con 38 representantes en la Cámara Baja. Antes del rediseño, 13 de esos puestos estaban ocupados por demócratas y el resto correspondía a los republicanos, salvo un escaño vacante.

El nuevo mapa busca reducir la representación demócrata y facilitar que los republicanos consigan cinco escaños adicionales. Sin embargo, el cambio ha generado una fuerte polémica por su posible impacto sobre las comunidades latinas y afroamericanas.

Texas tiene una población latina que representa aproximadamente el 40,2% del total, por encima del porcentaje de población blanca, situado en el 39,8%, según los datos recogidos en el análisis de RTVE.

Organizaciones de defensa de los derechos civiles han denunciado que la nueva distribución puede reducir la capacidad de los votantes hispanos para elegir a los candidatos que prefieren. El Fondo de Defensa Legal y Educativo Mexicano Estadounidense (MALDEF) ha cuestionado los mapas y sostiene que determinados cambios diluyen la fuerza electoral de las comunidades latinas.

Uno de los ejemplos señalados se encuentra en el distrito 32 de Texas, en el área metropolitana de Dallas. Antes del rediseño, el 52,4% de la población en edad de votar era negra o latina. Con la nueva distribución, el porcentaje de población anglosajona pasa a ser mayoritario, mientras que el peso conjunto de latinos y afroamericanos baja al 34,9%.

El cambio puede alterar las posibilidades electorales de los partidos en esa circunscripción y favorecer a los republicanos.

Nueve estados modifican sus mapas electorales

Tras Texas, otros estados se incorporaron a la batalla por el rediseño de los distritos. Luisiana, Alabama, Florida, Carolina del Norte, Tennessee y Ohio aprobaron modificaciones que favorecen a los republicanos. California y Utah impulsaron cambios que benefician a los demócratas.

La intervención de ambos partidos demuestra que la disputa por los mapas electorales no se limita a una iniciativa unilateral de los conservadores. Los demócratas también han recurrido a esta herramienta para contrarrestar las ventajas que buscaba conseguir el Partido Republicano.

En Ohio, el proceso presenta particularidades. La modificación se llevó a cabo por una obligación legal, después de que el mapa anterior no lograra el acuerdo exigido entre las fuerzas políticas. La nueva distribución fue aprobada por una comisión integrada por representantes de ambos partidos, aunque el resultado favorece electoralmente a los republicanos.

El cambio ha generado críticas por su impacto sobre distritos tradicionalmente competitivos. Uno de los casos más relevantes es el de la congresista demócrata Marcy Kaptur, representante de Toledo y una de las políticas con mayor trayectoria en la Cámara de Representantes.

La nueva delimitación incorpora áreas rurales con mayor inclinación republicana a su circunscripción, lo que podría complicar su reelección. También se han modificado distritos en el área metropolitana de Cincinnati, donde los cambios pueden alterar el equilibrio entre votantes urbanos y rurales.

Las organizaciones ciudadanas de Ohio han criticado que el proceso no haya sido suficientemente transparente y sostienen que los nuevos mapas se alejan de la voluntad de los electores que respaldaron medidas para limitar la manipulación partidista de las circunscripciones.

Una batalla judicial con pocas vías de intervención federal

El rediseño de los distritos ha provocado también una disputa jurídica. En 2019, el Tribunal Supremo de Estados Unidos determinó que las denuncias por manipulación partidista extrema de los mapas electorales no podían ser resueltas por los tribunales federales, al considerar que se trataba de una cuestión política fuera de su competencia.

Esta decisión ha dejado un escenario complejo: los estados conservan un amplio margen para diseñar sus circunscripciones y las impugnaciones deben buscar vías de resolución en los tribunales estatales o mediante mecanismos de participación ciudadana.

En Texas, una corte de primera instancia consideró que el nuevo mapa perjudicaba a los votantes latinos al diluir su capacidad de representación. Sin embargo, el Tribunal Supremo permitió que el estado utilizara esas circunscripciones en las elecciones de medio mandato de 2026.

Las organizaciones que se oponen a los cambios advierten de que el resultado puede reducir las oportunidades de determinadas comunidades para elegir a sus representantes. También reclaman reformas que impidan que los partidos políticos controlen el diseño de los distritos en función de sus intereses electorales.

La estrategia puede acabar perjudicando a Trump

Pese a la magnitud de la operación, los nuevos mapas no garantizan que los republicanos mantengan el control del Congreso. Las encuestas apuntan a un escenario complicado para Trump, marcado por el desgaste de su popularidad, la inflación y el encarecimiento de la vida, agravado por las consecuencias económicas de la guerra en Irán.

Además, las elecciones de medio mandato suelen castigar al partido del presidente. Desde la Segunda Guerra Mundial, la formación que ocupa la Casa Blanca ha perdido escaños en la Cámara de Representantes en 17 de las 19 elecciones legislativas de este tipo.

La participación también puede alterar los cálculos. Los mapas se han diseñado tomando como referencia resultados electorales anteriores, pero no está garantizado que los mismos votantes acudan a las urnas ni que mantengan sus preferencias políticas.

El profesor de Derecho Constitucional Justin Levitt advierte de que los cambios demográficos y las variaciones en la participación pueden provocar sorpresas. Un distrito diseñado para favorecer a los republicanos podría acabar siendo competitivo o incluso cambiar de manos si el comportamiento electoral no coincide con las previsiones.

Este riesgo explica el concepto de dummymander: una manipulación electoral que termina perjudicando al partido que la impulsa porque sus cálculos sobre la distribución del voto resultan equivocados.

El control del Congreso, en juego este martes

Las elecciones del 3 de noviembre decidirán la composición de las dos cámaras del Congreso estadounidense. La Cámara de Representantes cuenta con 435 escaños y los demócratas necesitan recuperar cuatro para arrebatar a los republicanos el control.

El Senado presenta un escenario diferente. Según los cálculos recogidos en el análisis de RTVE, los demócratas necesitan obtener once escaños netos adicionales para hacerse con la mayoría.

Si los republicanos pierden el control de una o de ambas cámaras, Trump tendría muchas más dificultades para sacar adelante sus iniciativas legislativas, aprobar presupuestos y mantener su agenda política durante los dos años restantes de mandato.

El rediseño de los distritos constituye así una de las apuestas más importantes del presidente para intentar evitar ese escenario. Pero la operación también ha intensificado las acusaciones de manipulación electoral y ha abierto un debate sobre la legitimidad de un sistema en el que los propios partidos pueden influir en las fronteras de las circunscripciones donde compiten.

La incógnita es si los nuevos mapas conseguirán contener el posible avance demócrata o si la evolución de la opinión pública terminará imponiéndose a los cálculos de los estrategas republicanos. El resultado de este martes permitirá comprobar hasta qué punto el rediseño electoral puede condicionar la representación política en Estados Unidos.

está relacionado

lo más leído

Acaba de publicarse:

Trump redibuja los distritos electorales para salvar su mayoría en el Congreso, pero la maniobra puede volverse en su contra