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La Comisión Europea actualiza sus recomendaciones de preparación ante catástrofes y pide reforzar la formación desde las escuelas, mejorar los sistemas de alerta y garantizar que las personas con discapacidad puedan afrontar una emergencia en igualdad de condiciones.
La Unión Europea quiere que los ciudadanos estén mejor preparados para afrontar situaciones de emergencia y considera que cada hogar debería disponer de los recursos necesarios para sobrevivir por sus propios medios durante las primeras 72 horas de una crisis. La Comisión Europea ha vuelto a poner el foco en esta recomendación con la presentación de nuevas directrices destinadas a mejorar la preparación de la población ante acontecimientos como inundaciones, apagones, fenómenos meteorológicos extremos, ciberataques o posibles conflictos armados.
La iniciativa incorpora, además, una propuesta que afecta directamente al ámbito educativo: enseñar a los niños desde edades tempranas cómo actuar cuando se produce una situación de peligro. El objetivo es que los menores conozcan las medidas básicas de autoprotección, sepan interpretar las alertas y puedan reaccionar adecuadamente ante una emergencia, sin que esta formación genere miedo o ansiedad.
Las nuevas orientaciones fueron presentadas el 3 de noviembre de 2026 durante el Foro Europeo de Protección Civil, celebrado en Bruselas. La encargada de exponerlas fue Hadja Lahbib, comisaria europea de Igualdad, Preparación y Gestión de Crisis, que defendió la necesidad de convertir la prevención en una responsabilidad compartida entre las instituciones, las familias, los centros educativos y el conjunto de la sociedad.
La Comisión considera que las primeras horas después de una catástrofe pueden resultar determinantes. Mientras los servicios de emergencia organizan su respuesta y se movilizan los recursos públicos, los ciudadanos pueden encontrarse temporalmente sin acceso a suministros, electricidad, comunicaciones o determinados servicios esenciales.
Por este motivo, Bruselas insiste en que la preparación no debe comenzar cuando se produce una emergencia, sino mucho antes. Disponer de material básico en casa, conocer los riesgos del entorno y saber cómo actuar ante una alerta son algunas de las medidas que pueden reducir la vulnerabilidad de la población.
Un kit de emergencia para afrontar los primeros tres días
La principal recomendación de la Comisión Europea vuelve a ser la preparación de un kit de emergencia que permita cubrir las necesidades básicas de una persona o familia durante un mínimo de 72 horas.
Esta orientación ya formaba parte de la Estrategia de la Unión de Preparación, presentada en marzo de 2025, pero las nuevas directrices pretenden trasladarla a medidas más concretas y facilitar que las autoridades nacionales puedan promover su aplicación entre la población.
El planteamiento parte de una situación muy específica: una catástrofe puede interrumpir temporalmente el funcionamiento de los servicios habituales y dificultar que la ayuda llegue inmediatamente a todos los afectados. Durante ese intervalo, disponer de reservas y recursos propios puede marcar una diferencia importante.
La recomendación contempla mantener en el domicilio suministros esenciales y preparar una mochila que pueda utilizarse en caso de evacuación rápida. Entre los elementos básicos se encuentran el agua potable, los alimentos, los medicamentos necesarios y otros productos imprescindibles para atender las necesidades personales y familiares.
La preparación también debe contemplar situaciones en las que no sea posible utilizar determinados servicios domésticos. Por ello, las orientaciones incluyen la adquisición de habilidades prácticas, como prestar primeros auxilios o preparar alimentos sin depender de la electricidad.
No se trata únicamente de acumular productos en una habitación o comprar una mochila específica. La finalidad es que cada hogar valore sus necesidades, identifique qué recursos necesita y tenga previsto cómo actuar si se produce una interrupción prolongada de los servicios básicos.
La autonomía recomendada durante tres días tampoco significa que los ciudadanos deban sustituir a los servicios públicos ni que tengan que afrontar por sí solos una catástrofe. El periodo de 72 horas representa un margen de preparación individual y familiar mientras las autoridades organizan y despliegan los mecanismos de asistencia.
Es importante señalar que estas directrices comunitarias tienen carácter no vinculante. La Comisión ofrece recomendaciones y herramientas para mejorar la preparación de los ciudadanos, pero no establece una obligación legal general para que todos los hogares europeos compren un kit determinado.
Los colegios deberán incorporar la preparación ante emergencias
Una de las principales novedades de las directrices es la importancia que se concede a la educación de los menores. La Comisión Europea considera que los conocimientos básicos sobre protección y respuesta ante catástrofes deberían comenzar a adquirirse durante la infancia.
La propuesta contempla integrar contenidos relacionados con la preparación ante emergencias en los programas educativos de educación infantil y primaria, así como ofrecer formación específica al profesorado.
La intención es que los niños aprendan de manera progresiva y adaptada a su edad cómo reaccionar ante situaciones que pueden poner en peligro su seguridad. Saber qué hacer cuando suenan las sirenas, cómo seguir las indicaciones de los adultos o cómo comportarse durante una evacuación son algunos de los conocimientos que se pretende fomentar.
La comisaria europea defendió que los menores deben estar preparados, pero no asustados. Por ello, las actividades educativas deberán plantearse de forma accesible y comprensible, evitando transmitir una sensación permanente de amenaza.
La iniciativa no pretende convertir las catástrofes en el centro de la enseñanza ni introducir necesariamente una asignatura independiente. La propuesta pasa por incorporar estos conocimientos a las actividades escolares y facilitar herramientas a los docentes para trabajar la prevención con los alumnos.
La formación desde edades tempranas también busca que los conocimientos adquiridos en los colegios puedan trasladarse a los hogares. Los menores pueden contribuir a que las familias hablen sobre los riesgos, conozcan los procedimientos básicos y tengan previsto cómo actuar si se produce una situación inesperada.
La Comisión considera que una población informada y familiarizada con las medidas de autoprotección puede responder mejor ante una emergencia y reducir los riesgos derivados del desconocimiento o de las reacciones improvisadas.
La protección de las personas con discapacidad, otro de los objetivos
Las nuevas recomendaciones también prestan especial atención a las personas con discapacidad, un colectivo que puede encontrar dificultades adicionales cuando se produce una evacuación, se interrumpen las comunicaciones o dejan de funcionar determinados servicios.
La Comisión Europea plantea que los planes de preparación deben tener en cuenta las necesidades de estas personas desde el primer momento, evitando que las medidas de protección se diseñen pensando exclusivamente en ciudadanos que pueden desplazarse, comunicarse o acceder a la información sin dificultades.
Entre las cuestiones que se quieren reforzar figuran la accesibilidad de los sistemas de alerta, la adaptación de los procedimientos de evacuación y la disponibilidad de refugios y medios de transporte que contemplen diferentes necesidades.
También se propone fomentar la elaboración de planes individuales de emergencia que tengan en cuenta circunstancias personales, como la necesidad de recibir asistencia, disponer de medicación o utilizar dispositivos de apoyo.
Esta planificación resulta especialmente importante cuando una persona depende de determinados equipos para su vida cotidiana o necesita ayuda para desplazarse. Una interrupción del suministro eléctrico, por ejemplo, puede tener consecuencias diferentes dependiendo de las necesidades de cada ciudadano.
Las directrices también contemplan mejorar la preparación de los equipos de intervención para que conozcan cómo atender adecuadamente a personas con distintas discapacidades.
La finalidad es que nadie quede excluido de los mecanismos de protección y que las personas afectadas puedan participar activamente en la planificación de las respuestas ante una catástrofe.
La Comisión insiste en que la preparación debe ser inclusiva y que las autoridades tienen que garantizar que las instrucciones y los recursos estén disponibles para toda la población.
Mejorar las alertas y evitar la desinformación durante las crisis
El cuarto eje de las nuevas directrices está relacionado con la comunicación de riesgos y amenazas. La Comisión Europea considera que disponer de información fiable resulta fundamental antes, durante y después de una emergencia.
Cuando se produce una catástrofe, las autoridades necesitan transmitir instrucciones de manera rápida y comprensible. Una alerta que no llega a determinados ciudadanos, que utiliza un lenguaje difícil de entender o que no explica con claridad qué medidas deben adoptarse puede dificultar la respuesta colectiva.
Por ello, Bruselas recomienda reforzar los sistemas de comunicación para que la población reciba información puntual, accesible y fiable.
Esta cuestión adquiere especial importancia en un contexto en el que las emergencias pueden afectar simultáneamente a diferentes sectores. Un apagón, por ejemplo, puede provocar problemas en las comunicaciones, alterar el funcionamiento de los transportes y dificultar el acceso a determinados servicios.
La circulación de información falsa también puede complicar la gestión de una crisis. Los rumores y los mensajes sin verificar pueden generar confusión y provocar que los ciudadanos adopten decisiones equivocadas.
La Comisión plantea que las administraciones utilicen diferentes canales para informar a la población y que los mensajes sean comprensibles para personas con distintas necesidades.
La comunicación no debe limitarse al momento en el que se produce el incidente. También resulta necesario explicar previamente cuáles son los riesgos, qué medidas preventivas pueden adoptarse y dónde consultar las instrucciones oficiales.
De esta manera, los ciudadanos pueden familiarizarse con los procedimientos antes de que resulte necesario aplicarlos.
El apagón de España y Portugal, un ejemplo de vulnerabilidad
La insistencia europea en la preparación de los hogares se produce después de diferentes episodios que han puesto de manifiesto la dependencia de las sociedades actuales de infraestructuras y servicios esenciales.
Uno de los acontecimientos recientes más relevantes fue el apagón eléctrico del 28 de abril de 2025, que afectó a España y Portugal y provocó importantes interrupciones en el funcionamiento habitual de ambos países.
La pérdida del suministro eléctrico tuvo consecuencias en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Los transportes, las comunicaciones, las actividades comerciales y numerosos servicios se vieron afectados durante la incidencia.
Los hospitales tuvieron que recurrir a sus sistemas de alimentación eléctrica de emergencia para mantener el funcionamiento de instalaciones y equipos esenciales.
El episodio evidenció que una interrupción del suministro puede tener consecuencias que van mucho más allá de quedarse sin iluminación en las viviendas. La electricidad resulta necesaria para el funcionamiento de numerosos servicios de los que depende la población.
Este tipo de situaciones ayuda a explicar por qué las instituciones europeas consideran necesario que los hogares dispongan de recursos básicos para afrontar periodos de interrupción de determinados servicios.
Sin embargo, la estrategia comunitaria no se limita a los apagones. También contempla riesgos derivados de fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones, incendios, amenazas informáticas, sabotajes y posibles conflictos armados.
La Comisión considera que las crisis actuales pueden ser cada vez más complejas y que un incidente puede desencadenar problemas en otros sectores. Por ello, la preparación debe abordar diferentes escenarios y no centrarse exclusivamente en una amenaza concreta.
Durante la presentación de las nuevas directrices, Lahbib defendió que Europa debe estar preparada para escenarios especialmente graves, incluido un posible conflicto armado en el continente.
La comisaria también advirtió de que la Unión Europea se encuentra ante un entorno de seguridad más complicado, en el que los riesgos tradicionales conviven con amenazas híbridas y problemas derivados de la creciente interdependencia de las infraestructuras.
Más de 60 activaciones del mecanismo europeo de protección civil
Otro de los argumentos utilizados para justificar el refuerzo de la preparación es la evolución de la actividad del Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea.
Este instrumento permite coordinar la asistencia entre los países participantes cuando una emergencia supera las capacidades de respuesta de un Estado o requiere cooperación internacional.
A través de este mecanismo, los países pueden solicitar y ofrecer ayuda, movilizar equipos especializados y coordinar recursos para responder a catástrofes dentro y fuera del territorio comunitario.
Durante su intervención, Lahbib señaló que el mecanismo se había activado más de 60 veces durante el último año, una cifra que refleja el incremento de las necesidades de coordinación y respuesta ante emergencias.
La evolución contrasta con sus primeros años de funcionamiento y refuerza la preocupación de las instituciones europeas por disponer de sistemas de protección civil capaces de responder de manera continuada.
En este contexto, la Comisión también ha planteado nuevas medidas para garantizar que los puntos nacionales de contacto del mecanismo puedan seguir operativos incluso cuando se produzcan acontecimientos que alteren el funcionamiento habitual de las administraciones.
La recomendación sobre continuidad operativa y pruebas de resistencia pretende que los Estados desarrollen planes específicos y comprueben periódicamente que sus sistemas pueden seguir funcionando durante una crisis.
La intención es evitar que una emergencia afecte también a los organismos responsables de coordinar la respuesta y garantizar que los mecanismos de cooperación europea permanezcan disponibles cuando más se necesitan.
La Comisión ha reclamado igualmente una financiación adecuada para reforzar estas capacidades en el próximo presupuesto comunitario.
Protección Civil y Ayuda Humanitaria+2
Bruselas propone crear un Día Europeo de la Preparación
Las nuevas recomendaciones incluyen otra iniciativa destinada a mantener la prevención en la agenda pública: la creación de un Día Europeo de la Preparación, que se celebraría cada año el 23 de octubre.
La Comisión Europea pretende que esta jornada comience a celebrarse en 2027 y sirva para fomentar la participación de ciudadanos, administraciones y organizaciones de protección civil en actividades relacionadas con la preparación ante emergencias.
La fecha elegida coincide con el aniversario de la creación del Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, establecido el 23 de octubre de 2001.
La propuesta deberá contar con el respaldo institucional correspondiente y se plantea como una iniciativa compartida entre los Estados miembros y las instituciones europeas.
La jornada también permitiría reconocer el trabajo de las autoridades nacionales, regionales y locales, así como de las organizaciones y comunidades que participan en la prevención y respuesta ante catástrofes.
La intención es que la preparación deje de percibirse como una cuestión reservada a los servicios de emergencia y se convierta en una práctica habitual dentro de la sociedad.
La imagen que la Comisión quiere promover es la de una Europa en la que tener una mochila de emergencia preparada en casa resulte tan habitual como disponer de un botiquín de primeros auxilios en un vehículo.
Una estrategia europea que comenzó en 2025
Las nuevas directrices forman parte de un proyecto más amplio que la Unión Europea puso en marcha en marzo de 2025 con la aprobación de la Estrategia de la Unión de Preparación.
Aquel documento estableció un enfoque global para mejorar la capacidad europea de anticiparse, prevenir y responder a amenazas y situaciones de crisis.
La estrategia contempla 30 acciones y apuesta por implicar a las administraciones públicas, las empresas, las organizaciones sociales y los propios ciudadanos.
Entre sus objetivos figuran reforzar los servicios esenciales, mejorar las reservas de materiales críticos, impulsar la cooperación entre los países y fomentar una cultura de prevención entre la población.
También contempla mejorar la coordinación de las instituciones europeas ante emergencias complejas y desarrollar mecanismos que permitan responder de manera más eficaz cuando diferentes sectores se vean afectados simultáneamente.
Las nuevas recomendaciones presentadas en noviembre de 2026 representan un paso adicional para trasladar esos objetivos a la vida cotidiana.
La Comisión quiere que las familias sepan cómo prepararse, que los colegios enseñen a los menores a reaccionar ante situaciones de peligro y que las administraciones dispongan de herramientas para informar y proteger a todos los ciudadanos.
En definitiva, Bruselas pretende que la preparación ante emergencias deje de ser una preocupación que aparece únicamente después de una catástrofe.
La recomendación de disponer de suministros para 72 horas, la formación de los niños, la protección de las personas con discapacidad y la mejora de los sistemas de alerta forman parte de un mismo planteamiento: conseguir que la población europea tenga más capacidad para afrontar situaciones inesperadas mientras llegan los recursos de asistencia.
Las autoridades comunitarias insisten en que estar preparados no significa vivir con miedo a que ocurra una catástrofe, sino conocer los riesgos y disponer de herramientas para responder ante ellos.